Posteado por: danieliturra | 9 octubre, 2006

Insatisfacción.

"La felicidad de los casados jóvenes y
viejos en la oficina. Fuera de mi alcance; si la tuviera a mi alcance,
me resultaría insoportable, y sin embargo, es lo único que siento
deseos de satisfacer.

Las vacilaciones prenatales. Si existe la
transmigración de las almas, yo estoy aún en el primer peldaño. Mi vida
es la vacilación prenatal.


Firmeza. No quiero evolucionar de un
modo determinado, quiero cambiar de lugar; esto es, ciertamente, el
deseo de "volar a otro planeta"; me bastaría estar cerca de mí mismo;
me bastaría poder considerar distinto el lugar donde estoy.


La
evolución fue sencilla. Cuando aún estaba satisfecho, quería estar
insatisfecho y me lanzaba con todos los recursos de la época y de la
tradición que tenía a mi alcance hacia la insatisfacción; entonces
deseaba poder retroceder. O sea que estaba siempre insatisfecho,
incluso con mi satisfacción. Es curioso que, con un proceso lo bastante
sistemático, la comedia puede convertirse en realidad. Mi decadencia
intelectual empezó con un juego infantil, aunque infantilmente
consciente. Por ejemplo, contraía, artificialmente, los músculos
faciales; andaba por el Graben
con los brazos cruzados detrás de la cabeza. Era un juego
repelentemente pueril, pero de éxito. (Algo parecido ocurrió con la
evolución de mi actividad literaria, sólo que esta evolución, por
desgracia, quedó posteriormente paralizada.) Si es posible hacer que,
de este modo, caiga la desdicha sobre uno mismo, sería posible
provocarlo todo. Por mucho que la evolución parezca negármelo, y aunque
esto contradiga esencialmente mi personalidad, no soy capaz de admitir
de ninguna manera que los inicios de mi desgracia fuesen íntimamente
necesarios; puede que en ellos hubiera algo de necesidad, pero no
íntima; se me acercaron volando como moscas, y hubiese podido
espantarlos tan fácilmente como se espanta a las moscas.

En la otra
orilla, la infelicidad no habría sido menos grande, sino probablemente
mayor (a causa de mis debilidades); de esto, tengo sin duda la
experiencia; aún sigue vibrando, en cierto modo, la palanca, desde la
última vez que intenté moverla, ¿por qué entonces, aumento la desdicha
de estar en esta orilla, con la nostalgia de estar en la otra?"


Autor: Franz Kafka.


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