Posteado por: danieliturra | 7 mayo, 2006

Dios.

“Dadme, ¡oh Dios!, fuerzas
para volver mi amor fértil y útil.
Dadme fuerzas para no despreciar jamás al pobre ni doblar la rodilla ante el
poder insolente.
Dadme fuerzas para elevar mi espíritu bien alto sobre las futilezas de todos
los días.
Dadme fuerzas para que me humille con amor delante de tí.
No soy más que un jirón de nube de otoño, vagando por el cielo, ¡oh, mi Sol
glorioso!
Si es tu deseo y gusto, tómalo, píntalo de mil colores, irísalo de oro, hazlo
fluctuar al viento, espárcelo por el cielo en múltiples maravillas. Y después,
si fuera tu deseo terminar, por la noche, ese juego, desaparecía
desvaneciéndome en la tiniebla, o tal vez en una sonrisa de alborada,
transparente de frescura y de pureza.”

Señor, si todo lo sabes,
Si todo lo sabías desde el comienzo
de todos los comienzos,
¿Por qué me castigas cuando cometo una falta?
¿No sabías desde el principio que yo iba a pecar?
¿No fuiste tú mismo quien decidió que yo pecara?
¿No hago yo, simplemente, lo que tú has decidido
desde el comienzo de la eternidad?
¿Por qué, entonces, castigas a un inocente?

Mi norma de vida es beber y estar contento,
ser libre de la Creencia y de la No Creencia, es mi religión.
Yo pregunté a mi desposada, la Predestinación,
¿cuál era la dote que exigía?:
”Tu alegre corazón, me respondió.” 

Autor: Omar Khayyam. (De la parte final)


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